Uno de los nuestros

“Ahora eres

una estrella en el cielo,

un rumor en el viento,

una cinta en mi pelo,

algo dulce en mi boca,

una luz que nos toca,

eso eres”

‘Lucas’, de Luz Casal

 

Cuando pongo la vista a través de mi ventana, y veo a los piragüistas entrenando en el Lérez, me asalta una imagen de Jorge, con aquel antiguo esquí verde del club, llegando a la orilla y soltando la pala. Esa fotografía perfecta lo dice todo. Hay en la mirada del deportista una concentración impecable en lo que hace, la de haber eliminado todos los pensamientos innecesarios mientras compite, aquélla en la que sólo están él, su esquí, su pala y el mar. Pero a poco que profundice en la retina de mi memoria, creo adivinar en esa mirada de Jorge otro matiz, más sutil y casi oculto, por supuesto menos perceptible, pero enteramente veraz: es ese punto de diversión en lo que hace, en cómo lo hace, esa confianza en sí mismo, su ilusión, su espíritu de superación tan propia de él.

Hoy se cumplen tres años, y el recuerdo de su estampa deportiva es mi manera de reconstruir el espejo roto de esa memoria que de forma insensible languidece ante el transcurso del tiempo, como diría García Márquez. Pero si algo me alegra de estas tristes evocaciones es saber que Jorge sigue fresco en la memoria y en los sentimientos de mucha gente.

En la voz de Bruna se adivina una emoción contenida. Necesita hablar para curarse, para mantener en el sentimiento que palpita en el corazón el recuerdo de “su hermano”, el “Rey del Mambo” en las competiciones, como a ella le gusta decir. A la pregunta de cómo Jorge afrontaba tales competiciones, “su hermana” lo tiene muy claro: “sin miedo”. El buen compañerismo que defiende Bruna en sus explicaciones se expresa en un torbellino de palabras que la brasileira comenta sin complejos. “Recuerdo su exceso de confianza, sobre todo en el primer campeonato de España en Riazor, pero exceso de confianza en el buen sentido”, como recompensa del esfuerzo realizado, parece querer decir. La clave del éxito para Jorge, recuerda nuestra campeona, reside en “entrenar todos los días, y disfrutar de la competición”.

Cuando le pido que me cuente alguna anécdota divertida, Bruna alza su voz emocionada, y vuelve a hablar de ese primer campeonato en el que a los dos lerezanos les resultaba todo nuevo. Dos chicos con personalidades muy parecidas a la hora de competir: “Jorge había manifestado mucha ilusión por conseguir el trofeo al mejor deportista juvenil, y era consciente que su falta de puntuación en las pruebas de arena debía compensarlas haciendo muy buenas pruebas en agua. Entonces, haciendo la prueba de ocean se le rompió el timón del ski, y estuvimos haciendo números toda la tarde que no nos daban”. El sentido de la anécdota, creo adivinar, reside en dos chicos que están atentos entre sí. “De hecho, a los dos nos daban celos el uno del otro, sobre todo cuando a la hora de competir, si yo estaba hablando con otros deportistas mientras Jorge hacía sus pruebas, él me lo recriminaba. Y a la inversa también me pasaba a mí”.

Pero la fascinación de Bruna por Jorge supera el ámbito deportivo. Más allá de sentirse atraída emocionalmente por las evoluciones deportivas de Jorge, existe aquí una historia de amistad imperecedera e inmortal que, como diría Julio Medem, está por encima del destino, la naturaleza, el círculo de la vida y las coincidencias de la misma: “Ojalá en la vida puedas encontrar una persona así, y si tienes la enorme suerte de encontrarla, por favor, no la sueltes”. Me queda muy claro que, para ella, Jorge sigue siendo el “Rey del Mambo”.

“Enseguida conectamos”, reconoce David. “Yo acababa de incorporarme a la disciplina del Sapo, venía de haber participado en el mundial en Francia, y él mostró un enorme interés por la experiencia vivida”. Pese a que algunos no lo entendiesen del todo en el vestuario, la relación de súbita complicidad entre ambos responde por parte de Jorge en fijarse en alguien que, como él, vivía el salvamento deportivo en su máxima expresión. “Pasábamos muchas horas entrenando juntos, y siempre me andaba preguntando por cuestiones técnicas o deportivas”. De ello ya era consciente cuando le confesó su voluntad de ir a los campeonatos nacionales y ser seleccionado por la Federación para representar a España. “Era un apasionado de este deporte, y aunque no le gustaba tanto la piscina, yo andaba detrás de él animándole”.

Hay en todo lo que me comenta un denominador común que es la admiración de Jorge por esa experiencia de los mayores, el pequeño del club que desea ser como los absolutos, vivir la competición con el acervo de haber pasado ya por todas las etapas deportivas de la adolescencia, como queriendo saltarse esos pasos previos para llegar al punto de máxima plenitud. Pero a poco que escarbe en tales palabras, creo adivinar una admiración recíproca de David por Jorge, a quien posiblemente ve como aquel pequeño atleta con enormes expectativas ya contrastadas, y a quien quiere proteger de los errores que el de Meis a lo mejor no pudo evitar cuando era un deportista de menor edad. Sin embargo, no haber alcanzado todavía la mayoría de edad no le privaba a Jorge de tener ya un alto grado de madurez. “Su máxima al competir, cuando cometía algún error, era la de ‘aprender de nuestras experiencias’”.

Termina refiriéndose David a aquellos momentos en los que, una vez habían acabado los entrenos, se dedicaban a “castigar”, al margen del entrenador, a sus compañeros que se habían mostrado con pocas ganas en la piscina. Recuerdo entonces a Jorge y a David obligando a Anxo y a Chema a hacer flexiones en el vestuario por no haber cumplido los metros de entreno impuestos por Sergio. “Anxo y Chema aceptaban el castigo, no sólo porque fuera verdad que no habían entrenado bien ese día. Lo hacían también porque así se sentían integrados, porque se sabían observados por sus mayores, y porque, como a Jorge también le pasó cuando tuvo la misma edad que ellos, querían llegar a ser absolutos”. La fascinación de David le hace concluir con unas palabras de veneración: “Jorge es una imagen en la que fijarse”.

Hay en la voz de Sergio un punto de tristeza infinita, que imagino se quiebra en sonrisa cuando le pido que me cuente alguna anécdota alegre compartida con Jorge. Entonces le viene a la mente aquel día en el que, acompañado de Bruna y del propio Jorge, acudió a una oficina de atención al público relacionada con un tema de material de salvamento. “Mientras me atendía la empleada con la que discutía por un mal servicio, estos dos ‘gamberros’ la liaron parda. Había en el mostrador una fuente de caramelos a disposición de los clientes, y mientras la señorita en cuestión aguantaba mi petición vehemente de explicaciones, Jorge aprovechó un momento de distracción para volcar hacia el suelo dicha fuente, donde estaba Bruna con un pañuelo para recoger toda la ‘captura’. En la oficina ni se enteraron, supongo que al marcharnos sí al ver el plato vacío. Yo sí me fijé con el rabillo del ojo, y me entraron ganas de echarles la bronca, pero no pude hacerlo porque la escena fue al mismo tiempo muy hilarante en un momento en el que tenía que estar dándole la ‘brasa’ a la empleada”.

Recuerda Sergio que Jorge se incorporó a la disciplina del Sapo cuando tenía once o doce años, por recomendación de sus primas que ya entrenaban en el club. “Al principio, por razón de su edad, sólo venía dos veces por semana. Al poco tiempo, su disposición, su ánimo y sus espectaculares condiciones le hicieron ir mejorando, y pude convencerle para que viniera a entrenar todos los días”.

Sociable, alegre, un punto despistado, son cualidades observadas por Sergio en Jorge que influyeron decisivamente en su aceptación social. Primero querido por todos en el club, su buen carácter le hizo pronto ser también querido por los demás compañeros de otros clubes en las competiciones gallegas, así como por aquéllos con los que coincidía en las competiciones nacionales. “Sergio Quintela, el secretario técnico de la Fessga, se fijó desde el principio no sólo en las cualidades deportivas de Jorge, sino también en sus valores humanos, en su carácter afable, en cómo era querido por todos sus competidores, y al no ser altivo, pese a tener aptitudes para serlo en este deporte, hizo de él un especial seguimiento para que fuera a la selección gallega”.

A las duras condiciones de entrenamiento se une también una labor de mentalización del entrenador. “La consecución de sus tres primeras medallas en el campeonato de España en Riazor le hizo darse cuenta de que podía ganar lo que se propusiese. A dicha labor también contribuyeron los mayores del club, como Martín y Pablo, y más tardíamente David, que le supieron encauzar, pues no le gustaba tanto la piscina como el deporte al aire libre”.

Termino la conversación con Sergio deseándole un abrazo, pues soy consciente de lo emotivo de la situación, pero él me confiesa que mantiene fresca en su memoria la imagen de la especial sonrisa de Jorge en su rostro.

Por supuesto hay mucha más gente que también le hubiera gustado expresar sus opiniones y sentimientos. Otros, por el contrario, han declinado tal invitación, y respeto su decisión. Ya habrán ocasiones en el futuro para que lo hagan. Porque en el fondo podemos aceptar la pérdida, dejar fluir las emociones, aprender a vivir y querer seguir viviendo en un mundo en el que Jorge ya no está. Pero si algo me ha quedado claro de todo lo que he hablado con la gente al respecto es que la persistencia del dolor es fruto de una admiración incondicional, ya que Jorge sigue siendo uno de los nuestros.

Por él, por su familia, un abrazo a todos.

About Luis Olavarrieta Castillo

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