LA PRÁCTICA DEPORTIVA Y SU COSTE ECONÓMICO Y HUMANO

Como decíamos más arriba, la pretensión del grupo de personas que en su día fundó el Club SAPO (allá por Febrero de 1995), y que todavía mantenemos en este momento, es la de realizar una labor de formación deportiva y humana de nuestros niños, complementar su educación familiar y escolar con un deporte que les va a enseñar una disciplina divertida y práctica, un sentimiento de grupo y un afán de superación individual, y dar traslado de todas esas aspiraciones a todas las facetas de vida humana que a cada persona le toca vivir. Somos un grupo pequeño, con algo más de setenta licencias, pero el currículo de nuestras victorias nos da el perfil de grande, sobre todo dada la precariedad de nuestros medios. Ahora bien, el esfuerzo que desde Club SAPO se lleva a cabo (entendiéndose por el club no sólo a sus gestores que son la cabeza visible de su administración, sino con más importancia a los padres y a sus hijos deportistas, quienes son la cabeza visible frente a la ciudadanía y sus potenciales espectadores), sería imposible de realizar sin la necesaria contribución económica. Nuestros abonados pagan una cuota mensual inamovible desde hace años. En Club SAPO, con ese dinero, debe abonar los gastos de gestión de su parte técnica de entrenamiento, además del pago del alquiler de calles en la piscina municipal donde mayoritariamente se entrena, el socorrista que la Ley del Deporte exige para la práctica deportiva en los entrenamientos, y el seguro de responsabilidad civil.

Esos son los gastos fijos mensuales. A ellos hay que añadir las cuotas de inscripción en los eventos deportivos (clave en la constitución y desarrollo de Club SAPO, pues sin competición los deportistas se desmotivan y se van a otras áreas análogas que les permitan competir), el material de competición (extremadamente caro, dado que este deporte no es precisamente mayoritario, y cada año la Federación suele introducir cambios técnicos que obligan a reponer y/o cambiar el material del que ya disponemos), el traslado de dicho material y personal a los lugares de competición (medios de transporte para los chicos, furgoneta y remolque para el material), y sobre todo también el mantenimiento del material (cuyo uso siempre pone en riesgo su calidad para competir por el desgaste que sufre en un medio tan agresivo como es el agua clorada de piscina y el agua salada del mar). Por no hablar de contar con un local para el depósito de dicho material, de un seguro de robo, o de un presupuesto de reparación del material dañado. Además, piénsese que cuando se compite generalmente se hace en Galicia, con el coste añadido de contratar un autobús para los desplazamientos de los chichos y sus padres. Pero el asunto se dispara aún más si se piensa en una competición a nivel nacional (obviamos las de carácter internacional cuyo coste ya sería suntuario). Y no cuantificamos el coste económico la ayuda que padres, técnicos, deportistas y directiva prestan en las tareas extradeportivas (búsqueda de patrocinadores y de subvenciones, arreglos caseros de material, aportación de coches los días de competición, etc…), sin cuya presencia sería imposible llevar a cabo este deporte.

Como habrá podido observarse, la recaudación por cuotas no da para cubrir apenas tales gastos. En la situación económica en que se encuentra inmersa nuestra sociedad, la posibilidad de aumentar el coste de las cuotas se revela obsoleta. Club SAPO es consciente de que muchas familias de sus deportistas, muchos padres de los chicos que compiten, están realizando verdaderos sacrificios para poder abonarles los gastos que supone su práctica deportiva. En esta triste conyuntura, pedirles que aporten más dinero se revela imposible. El pasado 16 de octubre de 2015, la junta extraordinaria de Club SAPO convocada al efecto logró aprobar una subida de una media de 5€ para cada socio, lo que revela la escasa incidencia que tales cuotas suponen para el Club SAPO A partir de aquí, se plantea por el club una doble respuesta a fin de obtener financiación: las subvenciones públicas y el patrocinio privado.

Subvenciones públicas

Club SAPO: Salvamento Acuático de Pontevedra
Club SAPO: Salvamento Acuático de Pontevedra

A nivel de obtener ayudas públicas, podemos asegurarles que este deporte no goza del predicamento que para las instituciones puede tener el fútbol, y de ahí que tales ayudas públicas que nos prestan no lleguen siquiera al cariz de irrisorias, al menos comparativamente con las ayudas a otras modalidades deportivas. Las prestaciones obtenidas de instituciones públicas se limitan a cubrir el cupo que nos corresponde de acuerdo con la normativa en medidas de fomento de la práctica del deporte, en función de licencias y logros deportivos. Baste decir que en todas las reuniones que hemos mantenido con representantes políticos de grupos en el poder, con capacidad de decidir el destino de las subvenciones que tanto necesitamos, siempre tenemos que luchar contra la idea erróneamente preconcebida que somos receptores de dinero a fondo perdido. Repito: no solicitamos dinero a cambio de nada. Ofrecemos un apoyo a las familias en la educación de sus hijos. Pero lo triste de la situación es que los poderes públicos obvian el enorme potencial y sinergias que genera el deporte que se practica en Club SAPO. Una buena política de propaganda y racionalidad en la celebración de eventos permitiría hacer llegar al conjunto de la ciudadanía la existencia de un deporte en el que los protagonistas absolutos son los niños, con el consiguiente agradecimiento a aquéllos que con sus decisiones ayudan a sostenerlo. Las posibilidades e implicaciones que de ello se deducen no deben reducirse a la obtención de un rédito político, sino también, en mayor medida, a la rentabilidad económica que por sinergia genera.

Así pues, dos elementos condicionan las bajas prestaciones que los poderes públicos nos ofrecen: de un lado, la derivación de ayudas a otros sectores deportivos más rentables políticamente; y de otro lado, la crisis económica a nivel institucional, que ha reducido en más de un ¡90%! las ayudas que percibíamos en épocas de bonanza. En esta tesitura, nos vemos obligados a trasladar el esfuerzo de solicitar ayuda económica a instancias privadas, en las que obviamente debe prevalecer el criterio de rentabilidad económica.

Patrocinio privado

La sinergia comúnmente refleja un fenómeno por el cual actúan en conjunto varios factores o varias influencias, observándose así un efecto además del que hubiera podido esperarse operando independientemente, esto es, se crea un efecto extra debido a la acción conjunta o solapada, que ninguno de los sistemas hubiera podido generar en caso de accionar aisladamente. Cuando una entidad privada patrocina la realización de una actividad a un tercero, lo hace pensando en la rentabilidad económica que ello le va a acarrear. No se trata del mero efecto que la publicidad tiene en los consumidores. Cuando un espectador está atento a la práctica deportiva que le atrae, visionar la publicidad de los patrocinadores en los deportistas que le están haciendo pasar un buen rato no solo le comunica la existencia de una marca que se está publicitando; sino también conlleva una cierta relación de fidelidad del espectador hacia quien con su apoyo económico le permite ver un deporte específico.

En el ámbito de la práctica del deporte de salvamento acuático, los ejemplos de lo últimamente indicado son notorios: promovemos la realización de eventos deportivos en Pontevedra, y acudimos a los que promueven otros clubs del mismo entorno. Una jornada deportiva de piscina y de aguas abiertas congrega a unos 200 deportistas sólo a nivel gallego. A ellos hay que añadir a los padres que les acompañan, pues normalmente aquellos son menores de edad. Total: unas 400 a 500 personas. A ellas también hay que añadir las que, en las jornadas en aguas abiertas, constituyen ciudadanos potencialmente espectadores de esta actividad. Así, Imaginaos unas instalaciones de piscina que estén relativamente cerca del centro de una ciudad; teniendo en cuenta que además la jornada se alarga de la mañana a última hora de la tarde, 500 personas dan mucho juego para llenar cafeterías, lugares de comida y visitar tiendas, y otro tanto podríamos decir que son potencial audiencia para propaganda de patrocinadores que puedan publicitar y/o vender sus productos cerca de tales instalaciones, ya sean cerradas o abiertas. A este queríamos referirnos antes cuando opinábamos que los poderes públicos no son conscientes del potencial que tiene el apoyo económico a esta práctica deportiva. Si nos dan subvenciones, éstas se recuperan al potenciarse la rentabilidad económica que genera el público que arrastra el deporte. Por poner otros ejemplos más clarividentes pero ajenos al mundo del deporte: las compañías aéreas de bajo coste. La política de precios que ofertan tales compañías responde a que parte del coste de los pasajes es resultado de las subvenciones que los poderes públicos instalados en los lugares de destino les conceden a tales compañías. A cambio, permite la llegada a tales destinos de un número elevado de turistas que son económicamente rentables para la ciudad.

Trasladado ello al ámbito deportivo: un grupo de 500 espectadores contempla en una jornada de aguas abiertas una competición en la que participan niños, cuyos gorros de baño, camisetas deportivas, aletas, tablas de salvamento, tubos de rescate, banderas, carpas, etc…, conllevan patrocinio privado. La sinergia es que si una empresa de sus dimensiones patrocina tales actividades, es porque confía en su potencial, por lo que dicho deporte crece; y si dicho deporte crece, las expectativas de compra de los productos del patrocinador también crecen al aumentar el número de espectadores.